Decidí empezar a vivir como si solo fuese a vivir una vez.

Quizás te parezca la mayor sandez que has escuchado en tu vida, incluso te den ganas de dejar de leer, porque no es ningún argumento revelador sobre el que hacer girar en torno una vida. Pues te diré que discrepo totalmente si es eso lo que piensas. Porque si te paras a observar a tu alrededor, incluso puede que a ti mismo, te darás cuenta de que vivimos como si creyésemos que somos inmortales, o eso me parece a mí.

La gente hipoteca sus vidas a cambio de promesas futuras que nunca llegan. Veo a todas horas personas que dejan de lado sus sueños por la comodidad, o ni si quiera los buscan, los persiguen o desean.
La infelicidad parte desde muchos puntos, pero el conformismo y la sumisión que se ve hoy en día en muchos de nosotros me aterra.
Es bien sabido que para ser feliz hay que tener un trabajo respetable, una casa bien grande, un coche imponente y por supuesto; un móvil de última generación, para poder enviarles fotos a tus “contactos”, (porque me niego a llamarles amigos). Fotos que demuestren lo feliz que eres con todas esas cosas que tanto te cuesta pagar a fin de mes y gracias a las cuales no puedes hacer lo que realmente te gusta, que puede ser por ejemplo leer un libro en la playa o tomar una cerveza con unos amigos (de los de verdad, de los de antes, de los que hablas mirándoles a la cara y les guiñas un ojo de complicidad sin necesidad de utilizar un emoticono).
Y te privas de hacer esas cosas tan simples porque no tienes dinero, o no tienes tiempo, porque estás trabajando para conseguir más dinero para poder pagar toda esa cantidad de felicidad que previamente te han vendido en tu nuevo televisor de plasma.

Yo tengo muy claro que eso es la felicidad. La felicidad que te quieren vender y que es tan vacía e irreal como la fruta envasada que puedes adquirir en ese gran almacén al que todos vamos los domingos.

Sé que eso es la felicidad, por eso he decidido huir de ella. Escapar de las falsas promesas de una sociedad enferma. Y podemos achacar los problemas a los políticos, los banqueros y demás estafadores del país, que solo actúan en su propio beneficio pisoteando lo que con tanto escuezo se había construido, y que además lo hacen no solo con total impunidad sino con que también sin ningún remordimiento de conciencia. Por supuesto son una lacra que contamina nuestras tierras y debería ser exterminada.
Ellos son los culpables de que vivamos en la miseria, pero los verdaderos culpables de vivir una vida miserable somos nosotros.
Yo entiendo que hay millones de casos distintos, pero la responsabilidad de buscar la felicidad es de cada uno.

Veo en mi entorno personas deprimidas y frustradas, víctimas de un abuso laboral digno de las esclavitudes que sufrían en el antiguo Egipto. Veo que cada jornada es una tortura física y/o mental, como llegan a casa tarde, exhaustos, sin ganas de nada más que de poner la TV para poder desconectar y no pensar en nada.

No pensar en nada.

Desde luego habría que darle un aplauso al que ingenió toda esta maquinaria, que aunque funesta y macabra funciona a la perfección.

No entiendo de qué manera se ha llegado a esclavizar a la humanidad haciendo creer a los individuos que son libres, y es más, haciéndoles creer que son felices, o en su defecto, que lo serán muy pronto si siguen consumiendo sus dosis de felicidad enlatada.

No sé de qué manera hemos dejado de trabajar por nuestra propia felicidad y hemos pasado a hacerlo por la suya, en el mejor de los casos por una importante suma de dinero, en la mayoría de casos ni tan siquiera para satisfacer las necesidades mínimas.

Trabajas, trabajas y trabajas para labrarte un futuro mejor. Un futuro que siempre es eso, futuro, porque es imposible de alcanzar.

Yo me propongo ahora labrarme un presente mejor, que por lo poco que sé, es lo único que tengo.

Veo como la gente se consume en sus insignificantes vidas programadas, faltas de deseo, de inquietudes, de ganas de salir y explorar, de indagar en el abanico de colores que nos envuelve.

Nunca he sido una persona a la que le guste atarse, eso es cierto, y gracias a ello he podido vivir un sin fin de situaciones, buenas y malas, a las que jamás hubiese tenido acceso si me hubiese quedado en casa pensándomelo, o me hubiese dejado influir por la opinión de los demás, o por el miedo, que juega un papel muy importante a la hora de tomar decisiones.

La estabilidad te da una comodidad que si la consigues a través de algo que te gusta, la envidio profundamente. La gente que se dedica a hacer lo que le satisface, gane o no dinero con ello, es digna de mi admiración. Personas que dedican su vida a hacer lo que les gusta, lo que les motiva y atrae realmente.
Por desgracia esa gente es escasa, incluso en el caso de que se dedique a su vocación, en muchos casos lo hacen en unas condiciones precarias, o bajo una presión ejercida de una u otra manera que anula por completo a esa persona, haciéndole perder la ilusión por eso que tanto amaba.

A esas personas les digo: muévete.

Si realmente conoces tu pasión y te encuentras anulado, no te conformes. Busca y encuentra. No dejes que el miedo bloquee tus pasos. Porque si has encontrado tu vocación, algo que te entusiasma hacer y para lo que sientes que estás realmente destinado, por favor; hazlo. Ya sea ser cirujano o hacer surf. Si has encontrado tu pasión, síguela, y no dejes que se pierdan tus ganas y tu ilusión. Sigue luchando, arriesga. Encontrarás tu sitio.
Lo importante es no quedarse parado, no rendirse. No dejarse absorber por la velocidad a la que avanza el monstruo en el que lamentablemente se ha convertido nuestra sociedad.

Y si no has descubierto aun tu verdadera pasión, no desesperes. Sigue buscando, sigue hambriento, sigue avanzando, aunque no sepas hacia donde, ya que perderse también es una forma de seguir avanzando, y te aseguro que no será camino en balde si no desistes, porque cuando halles tu pasión en la vida, sentirás que ha merecido la pena, y que todos esos pasos, incluso los erróneos, te llevaron exactamente a donde querías llegar.

Me he sentido perdida en muchos momentos de mi vida, y en cierto modo lo sigo estando. Pero quizás también uno nunca deja de encontrarse, de aprenderse, de sentirse. Porque siempre queremos seguir buscando, porque eso es lo que hace la vida realmente interesante, el hambre por descubrir, por conocer más, por compartir más, por no pararse nunca.

Así que solo te digo eso; lábrate un presente mejor, no dejes que el miedo te frene, (porque lo intentará), muévete, experimenta, descubre, pero sobre todo busca. Atrévete.